Haber trabajado en la calle durante los últimos 4 años me a enseñado muchas cosas, algunas buenas, otras malas y también me quemó la cabeza muchísimo. Trabajar de Cadete, Mensajero, Che Pibe o como quieran llamarle presenta, además de un desgaste físico y mental propio de alguien que no está atado en un escritorio durante 8 horas seguidas también te abre los ojos con muchas cosas: La calle es dura y no es un lugar para estar mucho tiempo y menos para vivir o hacerlo un medio de vida.
Va a estar el que te dice que trabajar fuera todo el día te da libertad. Es una verdad muy parcial, libertad tiene el que vende en un bondi o en una esquina y tampoco es así; es preso de su estómago y el de sus críos. Además, que libertad tienes atado a un Nextel esperando la nueva ocurrencia o deseo del que pide y te pregunta “¿por donde andás?”
La calle seria un lindo lugar si fuese un lugar mas humano, si se pareciese mas a algo natural y no a una cosa prefabricada por las manos del hombre, que bastante sucias están por cierto.
Esto me lleva a una reflexión final: Si los humanos hemos construido a lo largo de nuestra historia lugares abiertos tan hostiles y contrarios a lo que la palabra humano significa(o que nosotros creemos que significa) ¿en que momento nos alejamos tanto de lo que creíamos era nuestra esencia?¿O erramos totalmente el concepto desde el principio?
En fin, ciclo cumplido.